Una resistencia femenina

Bajo la sombra de un árbol centenario, un grupo de más de 35 mujeres se reúne para contar su historia, la más difícil y dolorosa de sus vidas. Entre ellas se encuentra Arely, una joven que relata cómo la violencia la obligó a ella y a su familia a huir de su hogar y las pérdidas humanas y materiales que les causó este desplazamiento.

“Nos fuimos por miedo a morir, por miedo a nuestros hijos. Lloraban y gritaban: ‘Mamá, vámonos, salgamos de aquí o nos matarán’”, cuenta Arely.

Una prima de Arely se enteró a través de las redes sociales de una organización que comprende su sufrimiento y le brinda apoyo y orientación. Esa organización era Cristosal. Fue entonces cuando decidieron unirse y buscar ayuda.

“Teníamos que seguir defendiendo a los que se quedaron, seguir adelante y luchar por los que vinieron con nosotros”, afirma.

Cristosal recibió este informe de desplazamiento forzado causado por la violencia en mayo de 2021. Desde entonces, Cristosal les ha brindado apoyo psicosocial y les ha ayudado a encontrar soluciones duraderas y sostenibles. Tiempo después, a través de un proyecto financiado por AWO, Cristosal comenzó a organizar a mujeres líderes comunitarias que habían sido víctimas de desplazamiento forzado. 

“A través de Cristosal participamos en talleres y recibimos atención psicológica para comprender cómo nos sentíamos, quiénes éramos antes del trauma que sufrimos y qué tuvimos que superar. Así, creamos un plan que mostraba de dónde veníamos, adónde queríamos ir y cómo podíamos lograrlo”, dice Arely.

Con las herramientas proporcionadas por Cristosal y con la motivación impulsada por su fe y su comunidad, Arely y su familia fundaron “Manos Unidas Haciendo Memoria”, un colectivo en el que redescubren su fuerza, sus habilidades y comprenden la importancia de sus derechos. 

“Ya no nos sentimos como antes, somos diferentes. Solíamos llorar y pensar solo en lo que habíamos perdido, en las cosas materiales. Pero teníamos algo valioso: nuestras vidas, nuestras familias.”

Muchas familias salvadoreñas siguen siendo desplazadas por la violencia, tanto estatal como de las pandillas que controlan la zona. Sin embargo, experiencias como la del Colectivo Manos Unidas reafirman el compromiso de Cristosal de trabajar desde y para estas comunidades.  

Ruth López: Un año injustamente encarcelada

¡Bienvenido! Selecciona tu idioma: