Pasé de vivir en la calle a un lugar digno para mí y mi bebé. En la calle, no me veían como a nadie, pero nadie sabía quién era yo. Sufrí mucha discriminación; todos pensaban que era una criminal. Le doy gracias a Dios y a Cristosal, quienes me ayudaron porque no me etiquetaron, a pesar de ser una persona sin hogar. Era una marginada y decidieron ayudarme. He aprendido mucho, me siento mejor y soy una persona diferente.
Miles de personas que buscan asilo y protección en Estados Unidos y otros países son devueltas a Centroamérica. En el período crítico inmediatamente posterior a su regreso, muchas se ven obligadas a huir de nuevo. El equipo de protección de Cristosal en Guatemala ha trabajado con muchas de estas personas que no pueden regresar a sus lugares de origen. Las víctimas del desplazamiento forzado tienen necesidades inmediatas de ayuda y protección, pero sus posibilidades de encontrar soluciones a largo plazo aumentan en la medida en que esta ayuda se centra en el empoderamiento personal y la reconstrucción de sus vidas y comunidades.
Una forma de lograrlo es que las víctimas se conviertan en líderes, asumiendo el reto de ayudar a otras personas en la misma situación. La Asociación Fénix, una organización incipiente formada por personas deportadas a Guatemala con necesidades de protección, demuestra lo inspiradora que puede ser esa transformación.
La Asociación Fénix está integrada por diez personas que, tras ser deportadas a Guatemala, se encontraban sin hogar y desempleadas. Compartimos la historia de Luz, una de las fundadoras.
Luz, de 42 años y fundadora de la Asociación Fénix, es originaria de la Ciudad de Guatemala. En 2015, decidió emigrar con su pareja a Estados Unidos. Sin embargo, durante su estancia en EE. UU., fue víctima de violencia doméstica y sexual, y quedó embarazada. En 2017, fue deportada a Guatemala sin dinero, familia ni un lugar seguro donde refugiarse. Así fue como terminó viviendo en las calles de la Ciudad de Guatemala. Tras ser derivada a la Asociación de Retornados Guatemaltecos, descubrió que estaba embarazada.
Tras unos meses, su expareja regresó a Guatemala y comenzó a buscarla. La Asociación de Retornados la ayudó a presentar una denuncia contra su agresor. Después de un proceso legal de dos años y medio, fue condenado a prisión, pero ya había enviado a otros para seguir amenazando a Luz. Fue agredida durante su embarazo, lo que la llevó a decidir trasladarse a un albergue cerrado donde recibió capacitación técnica y, posteriormente, a un hotel. Tras casi dos años viviendo en un albergue, la Asociación de Refugiados contactó a Cristosal y le pidió ayuda para facilitar su transición a una situación más permanente.
Cristosal la apoyó con apoyo psicosocial, incluyendo apoyo en salud mental, ayuda con el alquiler y la generación de ingresos, y la elaboración de un plan sobre cómo podría ser su vida con su hija a partir de ahora. Luz se muestra optimista ante la posibilidad de recibir más formación técnica en impresión digital, bordado y emprendimiento para mantenerse a sí misma y a su hija. Pero Luz tiene una visión más ambiciosa: no solo reinventar su vida, sino también ayudar a otros a hacer lo mismo. Cristosal la ha acompañado en ese camino.
Luz, junto con otras personas que se habían beneficiado de los servicios de protección de Cristosal, propuso la creación de la Asociación Fénix para retribuir el apoyo recibido. En 2023, esta incipiente asociación, integrada por desplazados internos y retornados, comenzó a realizar reuniones y talleres. Iniciaron el proceso para convertirse en una asociación legalmente reconocida en Guatemala, con el propósito de compartir su experiencia y ayudar a quienes han tenido que huir de la violencia y lo han dejado todo atrás. Cristosal trabaja junto a las víctimas, fortaleciéndose juntas para construir liderazgo en defensa de los derechos humanos.