Tememos que descubran que somos defensoras de los derechos humanos, que somos esas mujeres que dan voz a quienes no la tienen. Tememos este régimen de excepción porque provenimos de comunidades clasificadas como zonas rojas debido al control que ejercía la banda en esta área. Defendemos los derechos de las mujeres en nuestras comunidades, pero no contamos con el apoyo de nadie que nos escuche sobre lo que está sucediendo. Tenemos miedo.

Bajo este régimen, las mujeres líderes y defensoras tememos lo peor, pero seguimos adelante; nadie puede silenciarnos por denunciar la violencia y las injusticias que sufrimos. No existen instituciones gubernamentales que nos protejan, ni siquiera la alcaldía nos presta atención. Si no fuera por la unidad de las organizaciones sociales, no tendríamos a quién recurrir en caso de una violación de los derechos humanos.
Somos 16 mujeres de 16 comunidades diferentes. Al reunirnos, nos dimos cuenta de que nuestras situaciones son muy similares, pues hemos sufrido diversos tipos de violencia, la cual se ha agravado con este régimen de excepción. Nos conocimos en un programa llamado Ciudad Mujer, un programa de la administración anterior que protegía a las mujeres y brindaba apoyo a quienes lo solicitaban. Sin embargo, la administración actual cerró el programa y nos quedamos sin apoyo. Por eso decidimos unirnos como mujeres para apoyarnos mutuamente. Al reunirnos, nos percatamos de que hay muchas víctimas de violencia y abusos en nuestras comunidades, y que no se trata solo de mujeres adultas; conocemos casos de niñas y adolescentes, todas sin apoyo.
Por eso queremos que las organizaciones y Cristosal sigan acompañándonos. Esta relación con Cristosal nos ha sido muy útil porque nos ha dado la fuerza para denunciar, defendernos y alzar la voz. Hemos identificado las violaciones y los derechos que desconocíamos. Todas tenemos derechos, no podemos permanecer calladas. Ahora conocemos mejor la situación, todos los derechos que perdemos a causa de este régimen de excepción y que, aunque cada una tenga una historia diferente, la situación final es la misma: mujeres violadas por el sistema.
Lo que hacemos es ayudarnos a nosotros mismos, pero no podemos hacerlo solos.. Si Cristosal no está, por ejemplo, ¿a dónde vamos a denunciar? ¿Adónde irán las víctimas?
El equipo de Cristosal está brindando actualmente acompañamiento a este grupo de mujeres con capacitación en derechos humanos, empoderamiento, migración, desplazamiento forzado, liderazgo y defensa de sus derechos.