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Ciudad de Guatemala, 01 de agosto de 2025.
El partido oficial dictó de forma exprés extender el periodo de la Presidencia de la República a seis años, permitir la reelección presidencial indefinida, adelantar la elección presidencial a 2027 y elegir al presidente por mayoría simple.
Este último golpe al sistema democrático no devuelve el poder al pueblo, como afirma la narrativa oficial: se lo entrega sin límites a la familia gobernante. Sin contrapesos, el régimen se otorga a sí mismo el poder de perpetuidad.
Tampoco puede ser entendido como una modernización del sistema político de El Salvador; sino como la repetición del modelo autócrata de otros países como: Venezuela, Nicaragua, China y Rusia.
Además, es la culminación de un proceso sistemático de represión que ha llevado al exilio o a la cárcel a periodistas, defensoras y defensores de derechos humanos y que impuso un estado de autocensura y silencio en la población.
El sistema político de El Salvador fue modificado sin previo aviso, de espaldas al pueblo, sin debate, sin diálogo con sectores de la sociedad, y en contradicción con las declaraciones de funcionarios y voceros del partido oficial contra la reelección indefinida.
Lo dijimos antes y lo reafirmamos hoy: este es el tiro de gracia para la democracia salvadoreña. El Estado de derecho ha sido debilitado por años de concentración de poder, cooptación institucional y uso arbitrario de la ley. Ahora, esa estructura autoritaria pretende legitimarse mediante una reforma que elimina cualquier posibilidad de alternancia real.
Los límites al poder Ejecutivo y la prohibición de la reelección presidencial han sido pilares fundamentales del sistema político salvadoreño desde la independencia. Estos principios no solo están consagrados en la Constitución, sino que también han sido reiterados por organismos internacionales. La alternancia en el poder es una de las bases indispensables de toda democracia.
Denunciamos los hechos de ayer porque nos regresan a los errores de los regímenes autoritarios del pasado. En nuestra historia, cuando el poder se concentra y se perpetúa, el pueblo pierde libertades, sufre corrupción, inestabilidad social, política y económica; y es víctima de atrocidades y conflictos.


